sábado, 21 de enero de 2017

Crítica: The Barn (2016)

Película escrita y dirigida por Justin M. Seaman, quien hace su debut dentro del género. Salió directamente en DVD (además de una versión limitada en VHS) el pasado mes de diciembre, aunque de momento solo se puede conseguir mediante su tienda oficial.

Sinopsis:

Es Halloween de 1989 y dos buenos amigos tratan de disfrutar la que será su última noche juntos en esta festividad antes de graduarse de la preparatoria. Sin embargo, los problemas los siguen cuando junto con otro grupo de amigos encuentran un viejo granero abandonado donde duermen fuerzas malignas que, sin saberlo, las han despertado.


Comentarios generales:

La década de los 80s tiene algo que nos obsesiona a todos los fanáticos del cine de terror, es una época prácticamente legendaria para el género y aquellos que no tuvieron la oportunidad de vivirla por lo general esperan ansiosos a que algo pueda brindarles una pequeña probada de esta. Eso lo saben varias personas allá afuera, lo cual ha provocado una oleada de proyectos que pretenden recrear ese aire ochentero, pero solo unos cuantos han logrado recuperar toda esa esencia de manera casi perfecta como The Barn.

Una película con la que desde el primer minuto Seaman muestra su amor por el género de terror, por la década de los 80s y, sobre todo, por la noche de Halloween. Ya que es en base a esta festividad con la que se construye toda una historia que para muchos podría parecer simple, pero que en realidad involucra muchas reglas y leyendas a las cuales tienes que ponerles atención para entender lo que está por venir; complementadas con elementos que no podían faltar en un slasher como personajes estereotipados y rebeldía juvenil. Al igual que con una cantidad de referencias ochenteras muy bien logradas (¡Dr. Rock!) que hacen del primer acto uno muy entretenido por todo lo que engloba.

Es ya en el segundo acto cuando las cosas toman un rumbo más definido al darse las muertes esperadas (algunas fuera de cámara, lamentablemente) y demás, aunque en realidad lo que lo hace interesante es el hecho de que estos tres demonios tienen su propia leyenda detrás que les brinda una identidad única y que representan en su totalidad el Halloween; además de les proporcionan un elemento importante en su forma de accionar: cuando están solos son un peligro, pero pueden ser manejables; en cambio, si estos andan juntos, se vuelven una amenaza a gran escala que puede acabar con un pueblo entero. Un aspecto que le permite al director poder presentar diferentes tipos de situaciones amenazantes, no solo para producir encuentros directos con los jóvenes, sino también para generar una escena a “mayor escala” que muestre de manera importante el despliegue de efectos prácticos en todo su esplendor.

El problema que le encontré fue más que nada en la parte final. Esta resulta un tanto repetitiva, provocando que el ritmo ágil que había mantenido disminuya y no la haga tan emocionante; sin embargo, una vez superado eso las cosas toman buen rumbo para ofrecer una conclusión que dejará contentos a la mayoría a pesar de cierta falta de claridad.

Las actuaciones son exageradas sin duda, pero así estaba planeado y cumplen su propósito. Aunque lo verdaderamente llamativo es la producción, no porque sea espectacular, sino porque es impresionante ver la fidelidad que lograron en cada detalle; al grado de que si no sabes de antemano que es una película de 2016 definitivamente creerás que salió en 1989.

El trabajo de fotografía es descuidado a propósito, la dirección de arte correcta, el score es espectacular y cumple una función muy importante, el trabajo de sonido es sólido, los efectos son prácticos en su mayoría y la labor de maquillaje está bien hecha, aunque con cierto toque caricaturesco.

Opinión final: The Barn la disfrute bastante. Es un gran homenaje al cine de terror de los 80s que se debe de tomar como tal, ya que de lo contrario no los va a convencer.

Ojometro:
****

martes, 17 de enero de 2017

Crítica: Clinical (2017)

Película dirigida por Alistair Legrand (The Diabolical), quien además comparte créditos como co-escritor del guión junto a Luke Harvis. Se estrenó a nivel mundial el pasado 13 de enero exclusivamente en Netflix, aunque es probable que a mediados de año salga en formato físico.

Sinopsis:

La experimentada psiquiatra Jane Mathis (Vinessa Shaw) trata de ordenar nuevamente su vida después de un violento ataque al aceptar el caso de un paciente cuya historia es igual de devastadora que la suya.





Comentarios generales:

Los thrillers psicológicos son uno de esos subgéneros con los que existen las mismas probabilidades de éxito y fracaso debido a que son de los pocos que todavía pueden generar cierta duda en audiencias que cada vez son menos impresionables. Todo es cuestión de que tan bien explotados sean los elementos característicos con los que cuentan y sobre que tanto están dispuestos a invertir en el espectador para lograrlo, algo que Clinical pretende hacer como lo indica el librito; aunque sin los mejores resultados posibles.

Esto porque lo que nos regalan Lengrand y Harvis en su nueva colaboración es una historia que sin duda va a retar la paciencia de muchos espectadores debido a que su desarrollo se realiza de manera lenta. Sustentándose en dos líneas argumentales concebidas para mostrar las facetas de Jane durante su vida diaria y así crear un contraste sobre su comportamiento, lo cual suena interesante, pero en ya en pantalla no lo es tanto gracias a que su faceta como psiquiatra resulta bastante aburrida de ver y porque su faceta como alguien emocionalmente quebrada no ofrece los suficientes momentos de tensión como para que te importe demasiado su trauma, a pesar de que si es uno escalofriante.

Ya entrado en el segundo acto es cuando las cosas se vuelven más interesantes y en gran parte se debe a que se le da más exposición al personaje de Alex, un paciente desfigurado que poco a poco va superando un sufrimiento profundo y cuyo principal objetivo es ser ese enlace emocionalmente potente con el cual uno pueda simpatizar; además de volverse parte importante para que el personaje principal te resulte más humano. Igualmente,  es a partir de aquí cuando se empieza a jugar con lo que es verdad y lo que no; tal vez de manera no tan importante como en algunos trabajos similares, pero si con el suficiente nivel de impacto para construir un aparente conflicto que en el camino brinda algunos momentos visualmente llamativos.

La parte final no está mal, pero sentí que la alargaron demasiado. Finalmente todo lo anterior converge de manera natural, pero al involucrar a varios de los personajes secundarios que hasta ese momento solo habían servido de adorno ser pierde algo del shock que se supondría tendría que provocar dicho acontecimiento. Aunque igual es aquí donde se ofrece la mayor cantidad de sangre y eso beneficia mucho para que el desenlace se sienta con bastante fuerza.

En cuanto a las actuaciones puedo decir que Shaw no lo hace mal, aunque su nivel de locura no es tan convincente; sin embargo, quien se lleva todos los reflectores es Kevin Rahm como Alex al regalar una actuación que en general salva la película a partir del segundo acto. La producción es de buena factura: el trabajo de fotografía está bien cuidado, la dirección de arte es genérica, cuenta con un buen score, el trabajo de sonido es acertado, los efectos sencillos cumplen y la labor de maquillaje se centra principalmente en un solo personaje, pero con muy buenos resultados.

Opinión final: Clinical es aceptable. Sin duda la lentitud con la que se desarrolla le afecta, pero puede ser una buena opción para algún día en donde no tengan otra cosa que ver.

Ojometro:
***

sábado, 14 de enero de 2017

Crítica: Pitchfork (2017)

Debut tras la cámara del director Glenn Douglas Packard, quien además comparte créditos como co-escritor del guión junto a Darryl F. Gariglio. Se estrenó por medio de iTunes y VOD dentro de los Estados Unidos este 13 de enero, aunque todavía no hay información sobre si saldrá en formato físico.

Sinopsis:

Después de revelar su homosexualidad, Hunter viaja junto con un grupo de amigos desde Nueva York a la granja de su familia para pasar un fin de semana. Ya estando ahí, la situación con su padre se torna tensa, pero ese será el menor de sus problemas cuando empiecen a ser perseguidos por un perturbado asesino.


Comentarios generales:

Como lo he comentado con anterioridad, si hay un subgénero ideal para entrar al mundo del terror es sin duda el slasher debido a que su fórmula ha demostrado ser resistente al paso de los años y su estructura simple es una que cualquiera puede explotar. Obviamente eso es benéfico, pero también resulta como el caldo de cultivo ideal para que cientos de propuestas (con todo tipo de presupuestos) salgan año con año buscando crear al nuevo Jason Voorhees bajo la idea que con un asesino visualmente llamativo es más que suficiente para lograrlo, lo cual es un error y Pitchfork es el ejemplo perfecto de esto.

Ya que Douglas Packard desde el primer instante demuestra que su verdadera meta es la creación de un asesino icónico a como dé lugar y se olvida de todo el resto de los elementos necesarios para que su historia logre ser, por lo menos, divertida. Cometiendo el grave error de no darnos siquiera un tipo de origen y sustentando los primeros 35/40 minutos en cosas tan absurdas que difícilmente podrán obtener el interés del espectador, lo cual va desde un conflicto familiar con poco peso hasta un cuasi tributo a Footloose cuyo único objetivo es establecer a un grupo de personajes estereotipados con los que difícilmente se logra generar cierta empatía, a pesar de que si cuentan con motivos para hacerlo.

Sin embargo, una vez que inicia la masacre esos motivos quedan en el olvido para darle paso a la masacre que le proporciona un ritmo mucho más dinámico a la acciones, aunque nada de lo demás es precisamente una maravilla. Las muertes son en su mayoría bastante genéricas  y en general todo lo que tiene que ver con el asesino persiguiendo a las víctimas es muy desangelado: hay gritos sí, pero nunca sientes la tensión que deberías considerando que prácticamente todo el segundo acto consta de ver a estos jóvenes correr o pelear por sus vidas ante alguien prácticamente invencible. Quien además parece tener una habilidad de teletransportación porque llega muy rápido a todos lados, desafiando así la lógica de ciertas acciones.

La parte final es absurda por donde se le vea. Si explican de manera muy vaga los motivos por los cuales Pitchfork es así pero, en lugar de profundizar un poco más sobre esto, el director mejor opta irse por el camino de lo  grotesco y en presentar una serie de decisiones o comportamientos extraños que solo te dejan más dudas.

Las actuaciones son malas, algunas resultan muy exageradas y otras simplemente son intrascendentes como para poder lograr que estos personajes genéricos te importen. Sobre la producción si puedo decir que está bien para ser un trabajo independiente: el trabajo de fotografía es efectivo, la dirección de arte aceptable, el score no es nada del otro mundo, el trabajo de sonido tiene deficiencias, los efectos son muy simples y la labor de maquillaje cumple en su objetivo principal.

Opinión final: Pichtfork es un desastre. Ejemplo perfecto de cuando se pretende crear un asesino icónico, pero se olvidan de todo lo demás.

Ojometro:
**

martes, 10 de enero de 2017

Crítica: The Snare (2017)

Película escrita y dirigida por C.A. Cooper, la cual significa su primer largometraje. Se estrenó de manera limitada en cines y VOD dentro de los Estados Unidos el pasado 6 de enero, aunque todavía no hay información sobre su salida en otros mercados.

Sinopsis:

Tres amigos viajan a la playa para emborracharse durante el fin de semana. Sin embargo, después de una noche, estos terminaran atrapados en el último piso del edificio donde se están quedando gracias a una maligna fuerza paranormal.




Comentarios generales:

Existen películas de las cuales uno no está seguro sobre lo que van a tratar, incluso si ya vio el trailer y leyó la sinopsis. Una situación que puede resultar en un arma de doble filo en muchos sentidos y en la que The Snare se encontraba conmigo, ya que la verdad no tenía idea de lo que me esperaba; algo que hasta cierto punto me emocionaba, pero también me generaba muchísimas dudas que al final de cuentas se justificaron con este trabajo cuyos propósitos nunca te quedan lo suficientemente claros.

Y es que si bien Cooper cuenta con ideas interesantes desde un inicio como la inestabilidad mental de Alice o los conflictos que le genera el estar con… bueno… otras personas, estos nunca se sienten como algo que pueda sustentar toda la historia más allá de unos cuantos minutos. Lo cual se hace evidente desde un primer acto que acelera demasiado el proceso del encierro y que lo único que provoca es volverlo bastante aburrido al presentar una dinámica entre los tres personajes en exceso repetitiva que no cuenta con avances significativos. En el que además su mayor medio para generar ciertas distracciones es mostrar aspectos paranormales o sueños que en este lapso parecen más metidos a la fuerza debido a que no aportan gran cosa.

Para el segundo acto el ritmo no cambia, pero al menos la interacción entre los personajes se vuelve más interesante de ver gracias a que la tensión entre estos es mucho más palpable y el deterioro físico/mental de todos genera algunos momentos de inquietud bien logrados que ahora si lucen creíbles. Sin embargo, a pesar de todo esto, los problemas siguen al no saberse exactamente el propósito de dichos elementos paranormales; unos cada vez más relevantes pero que no cuentan con la suficiente fuerza como para considerarlos una amenaza que logre ser un buen contrapeso a lo evidentes problemas mentales de la protagonista y, como consecuencia, haciendo de estos solo un elemento más.

La parte final no es tan complicada de descifrar, pero ciertamente resulta bastante enredosa por determinadas cuestiones que se dejan totalmente abiertas a la interpretación y con ello no se brindan respuestas contundentes sobre cuestiones que a lo largo de noventa minutos fueron presentadas, las cuales terminaron sin tener peso alguno en la dirección de esta historia.

Las actuaciones no son malas, los tres actores hacen lo que pueden considerando las limitantes con las que tienen que lidiar todo el tiempo; aunque también debo de decir que por algunos lapsos Eaoifa Forward como Alice resulta un tanto desesperante. La producción está bien cuidada: el trabajo de fotografía cumple, la dirección de arte no tiene nada llamativo, el score es bastante agradable, el trabajo de sonido resulta efectivo, los efectos son simples y la labor de maquillaje es discreta, pero en general está bien hecho. 

Opinión final: The Snare me decepcionó. Es una película que en su conjunto tiene muchas carencias difíciles de ignorar, aunque seguro provocará varias opiniones divididas.

Ojometro:
**