miércoles, 10 de mayo de 2017

Crítica: The Devil's Candy (2017)


Película escrita y dirigida por Sean Byrne (The Loved Ones). Se estrenó de manera limitada en cines y VOD dentro de los Estados Unidos el pasado 17 de marzo, aunque todavía no hay información sobre una posible salida en formato físico o si llegará a otros mercados.

Sinopsis:

Un pintor en apuros financieros es poseído por fuerzas satánicas cuando se muda junto a su pequeña familia a una casa localizada en el Texas rural y cuyo pasado está ligado a un individuo que pondrá en peligro sus vidas.



Comentarios generales:

El cine de terror y el heavy metal cuentan con un vínculo especial desde hace bastante tiempo: ambos tuvieron su pico de popularidad en los 80s, su decadencia en los 90s, han sido objetos de críticas por parte de grupos conservadores y en general siguen vivos a pesar de que mucha gente los da por muertos desde hace años. Así que cuando una película utiliza dicho género musical como algo relevante siempre va a llamar la atención y The Devil's Candy no fue la excepción, aunque en este caso nos encontramos ante algo que utiliza dicha combinación de manera un tanto distinta a lo acostumbrado. 

Ya que lo que nos presenta Byrne es una historia que, si bien maneja ciertos temas satánicos, estos únicamente sirven como complementos para algo que se sustenta mucho más en el aspecto humano al mostrar una familia poco convencional y a un asesino que manda un claro mensaje de que no se necesita recurrir a cuestiones paranormales cuando el verdadero peligro esta allá afuera con personas mentalmente inestables. Regalándonos así un primer acto que por algunos momentos pareciera ser un clon más de Amityville, pero que poco a poco va adquiriendo su propio sello distintivo en base al heavy metal y a la manera en cómo este representa a la perfección a unos personajes cuya dinámica resulta agradable de ver mientras se van insertando discretamente un par amenazas que, al menos en este punto, lucen igual de peligrosas. 

Todo bajo un ritmo agradable que nunca sufre grandes cambios y cuando los llega a tener estos son sutilmente camuflados por medio de una banda sonora vibrante que prepara de manera adecuada el camino para que el conflicto central funcione. Uno que recae por completo en el personaje de Ray y sobre cómo este pone de cabeza el mundo de la familia, brindándole así un tono mucho más oscuro a las acciones cuando se empiezan a revelar sus verdaderas intenciones; las cuales eliminan por completo la posible empatía que se pudiera llegar a tener considerando que el tipo en realidad no quiere ser malo, pero de todos modos está dispuesto a hacer lo que sea para librarse de lo que lo aqueja.

Un aspecto que a mi entender funciona de gran forma, pero que para algunos pudiera resultar confuso dado a que con esto básicamente se pasa a un segundo plano la otra amenaza que en cierta forma era la puerta para todo el tema satánico.

La parte final es bastante intensa. En verdad te agobia lo que le puede llegar a pasar a esta familia gracias a que se nos presenta una situación con un nivel de violencia más elevado; sin embargo, el hecho de que se eligiera un final feliz y tenga algunos aspectos técnicos poco afortunados (fuego creado con CGI) no permiten que el cierre se sienta con la fuerza que esta historia requería.

En el tema de las actuaciones está bien, Ethan Embry (Jesse) hace un trabajo muy distinto al acostumbrado, Kiara Glasco (Zooey) está correcta y Prutt Taylor Vince (Ray) como el villano resulta muy intimidante. La producción cumple: tiene un trabajo de fotografía correcto, la dirección de arte es discreta, la banda sonora es muy buena, el trabajo de sonido es sólido y los efectos son muy simples, salvo por el tema del fuego en CGI que no es precisamente algo para enorgullecerse.

Opinión final: The Devil's Candy me gustó. Un trabajo bien hecho que no creo que se vuelva un clásico, pero si puede hacerse de varios fans.

Ojometro:
****